Chilka
Merlo, San Luis
Argentina
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EL LUGAR

Bueno es un ambiente de colores livianos, claros, pero con luz difusa, bien aireado, pero no frío y con muchas (muchas!) plantas.

No recomendaría como ubicación ni la Av. del Libertador, ni Cabildo, sino más bien un barrio que permite dejar abiertas las ventanas y donde uno pueda escuchar entre medio el cantar de algún pájaro.

CAMILLA O PISO

Es cuestión de costumbre. Yo prefiero el piso ya que hay más posibilidades de acceso. Además son mas fáciles los cambios de posición del masajeado.

CON O SIN ROPA

Depende del masaje. Si se trata de uno del tipo aromaterapeútico con aceite, evidentemente no es posible aplicarlo sobre materia textil pero no obstante hay que tener respeto al pudor de las personas, sobre todo en los primeros encuentros. Es mejor que el masajista acepte eventualmente la situación e improvise! Normalmente se establece después de las primeras sesiones la suficiente confianza para que la ropa no sea más un tema.

Respecto al “pudor” de las personas a desnudarse delante de otra u otras debemos considerar que casi nunca es un pudor en el sentido moral de la palabra sino en realidad se trata mayormente de vergüenza porque creemos casi todos que tenemos algún o algunos desperfectos corporales que mejor queden bien escondiditos. Nuestra actitud de buen masajista debe ser de tratar esas situaciones con respeto, cariño, y si cabe, con sano humor.

 

En un ambiente de colores claros

Lo que sí hay que tener en cuenta es que al recibir un masaje, la temperatura del cuerpo desciende, razón por la cuál es conveniente tener siempre una sábana o toalla a mano como para poder cubrir el cuerpo total o parcialmente.

La temperatura del cuerpo desciende

SECUENCIA EN EL MASAJE:

Cuando dí mis primeros pasos como masajista tuve un lío bárbaro en recordarme de las “secuencias correctas”, hasta que me liberé del protocolo y logré encarar los masajes en forma fluida y natural, regidas en cada ocasión por las propias reglas del caso.

Ahora si, me gusta y casi siempre aplico al comenzar el masaje, lo que me enseñó Fernando Cupermann y que es “ poner al masajeado en estado de bebe“.

Una buena forma de lograr eso es ubicar la persona sobre su espalda y acompañar suavemente su respiración con las manos. Suena complicado pero es muy fácil:

 

Se coloca una mano sobre la parte del cuerpo donde la respiración es bien visible (normalmente la zona del vientre) y se pasa luego la otra sobre una parte donde no se registra respiración (p.e. la zona alta del pecho). Primeramente no se hace nada, sino las manos acompañan simplemente la respiración natural, pero luego uno comienza “expandir” esa respiración, aplicando una muy suave presión justamente en la zona “quieta” y se logra normalmente llevar asi la respiración hacia donde uno quiere, hasta al dedo gordo del pie si uno se lo propone! Además se logra asi acelerar o frenar el ritmo de respiración, según necesidad.

Para mí, este comienzo, que parece desde afuera quizás aburrido y de poca acción, es una de las fases más importantes del masaje, quizás la más importante de todas, ya que en el lapso en que ocurre ese acercamiento, que pueden ser de 10 ó 15 minutos, nuestro encomendado suele perder la noción del tiempo, del lugar y de toda su problemática del quehacer diario. Es llevado a un estado de pura percepción sensorial y por eso es entonces de primordial importancia que ese estado de entrega no sea interrumpido hasta que se haya terminado el masaje. Eso significa que el masajista prevé antes de empezar que todos los elementos requeridos estén al alcance de la mano, a saber: aceite y frazada o toalla, que no suene el teléfono, que el tocacasette o el equipo de CD tenga autoreverse o repetición automática y que el masajista además esté seguro de no tener que lavarse las manos entremedio, ni tener que irse al baño. No hay nada más horrible que al recibir un masaje, de repente desaparece el masajista y uno queda peor que flotando sólo sobre una balsa en el medio del Pacífico!

 

 

 

 

Se logra acelerar o frenar al ritmo de la respiración

Ideal es, que no se pierda más el contacto corporal, una vez que haya empezado el masaje; inclusive se lo debería mantener aún en los breves instantes de “escalas técnicas” en cuando uno se tiene de proveer p.e. de aceite.

Se puede usar para ello en esos momentos por ejemplo el pie o el brazo o, si eso no fuera posible, puede mantenerse el “contacto” también mediante una respiración coordinada con la del masajeado y perceptible por él.

Respecto a la aplicación del aceite vale otra regla de oro: nunca chorrearlo directamente sobre el cuerpo del masajeado. El masajista se lo aplica sobre sus manos y le da mediante un suave frotado temperatura adecuada antes de seguir con el masaje.

No perder más el contacto corporal

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