No conozco suficiente de la mitología andina, como para hablar al respecto con certeza, pero creo no equivocarme al decir que la acumulación de montículos de piedras en
los caminos, y sobre todo en los cruces de ellos, y la frecuente aplicación de grabadas sobre las rocas en estos lugares, sigue el padrón arquetípico del ritual de ofrendas a la Pachamama,
tal como se interpreta generalmente, pero también, quizás oculto, pero en fin, a Mercurio-Hermes o como quiere que se llame el corresponsal andino de esa deidad universal.

Las Alpachetas, tal el nombre habitual de estos mojones, suelen también

"dividir" los espacios andinos para indicar al caminante determinado punto de su viaje, dentro de la comarca que atraviesa.
Ahora en general, y no obstante de la aparente casualidad de algunos sitios, es también absolutamente válida la opinión del antropólogo Juan Schobinger, en el sentido de que el arte rupestre constituye una unidad con el sitio donde se encuentra, y con su ambiente y su circunstancia.
De ninguna forma es meramente material, sino transforma, por efecto del toque humano, el lugar en paisaje cultural.

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