SISTEMA
INMUNOLOGICO
Nuestra piel, las lágrimas,
los estornudos, la acidez natural de nuestro
cuerpo, los pelitos que nos crecen en la
nariz; todo eso, y mucho más, forma parte de
lo que llamamos habitualmente sistema
inmunológico, pero posiblemente, en
cuanto nos referimos a ello, pensamos
generalmente en glóbulos blancos,
anticuerpos, células B, células T, etc.
Este complejo sistema no ha
sido estudiado aún a fondo, pero no obstante
ya sabemos bastante bien como funcionan sus
principios.
Contamos por un lado con la
defensa básica, adquirida genéticamente,
que dispara contra todo lo que no es propio
del cuerpo, inclusive remedios, transplantes,
etc.
Por el otro lado se
desarrolla, ya desde los primero momentos de
nuestra existencia, un sistema inmunológico
paralelo, inteligente que
aprende durante toda nuestra vida
a reconocer nuestros enemigos en forma
individual; se podría decir prácticamente
con nombre y apellido.
Archiva las
recetas exactas de cómo
contraatacar tal bacteria o tal virus, y esa
circunstancia de defensa con memoria
adquirida, es también la razón por la cual
funcionan las vacunas que han sido
inventadas, como las de Polio, Varicela,
Cólera etc.
En y sobre nuestro cuerpo se
desarrolla la vida en forma similar como en
la naturaleza y como en todo el Universo en
general. Si en ello todo funciona bien,
existe una armoniosa desarmonía, en la cual
conviven amigablemente sistemas y organismos
de la más distinta índole. Todos se
arreglan con todos y todos necesitan a todos,
dentro de una variedad de diferentes niveles
que tienden constantemente a armonizarse,
coordinados por nuestro sistema
homeostático. Este proceso de nivelación
hace fluir al mismo tiempo nuestra energía.
Es ley natural, que en la
naturaleza compartan depredadores con
depredados y es esa también la razón, por
la cual, aún en un cuerpo humano sano,
coexisten con nosotros, habitualmente en
forma relativamente pacífica,
microorganismos dañinos ,
bacterias, hongos, virus, etc., las que, en
cuando están bajo control, no nos deben
preocupar. Solamente tenemos que prestarles
atención en cuando descarrilen, y de eso se
encarga en primer lugar justamente nuestro
sistema inmunológico.