Chilka
Merlo, San Luis
Argentina







uando ensayamos, balbuceando nuestras primeras palabras
La más repetida era: ¿Porqué?
Nos conformaron entonces las respuestas de mayores.

Al llegar a la adolescencia nos atribuimos que sabíamos todo
¿Para qué entonces el infantil porqué?

Alcanzamos la madurez y nos esforzamos a encontrar réplicas
En vez del porqué pusimos el para qué
Detrás del que, jadeando, tratamos de llegar.

Y nos deslizamos hacia la tercera edad
Donde las preguntas las lleva el viento.

Extraño no sería si las depositara en las mentes de los niños
Que balbucean curiosos: ¿Porqué, porqué?


Diciembre 2002

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