Chilka
Merlo, San Luis
Argentina






as aguas de la gran inundación cubrieron su rancho
Este su hogar, su única pertencia
Están sentados a la vera del camino, esperando que bajen las aguas
esperando volver a la mísera choza, más endeble aún que antes
No se quejan, no acusan, no se rebelan.

La mujer desdentada, arrugada antes de tiempo
sus manos callosas en el regazo
se encomienda a su Dios que no la hizo perecer.

El hombre fornido, duro, habla pausadamente:
"Nos hemos salvado de otras y así será esta".

Me irrita, me impacienta tanta sumisión y paciencia infinita,
pero quién soy yo para juzgar si ellos no son los valientes
los que preservan y no dejan hundir.
No será que yo elegiría el camino más fácil al abandonar
En vez de persistir y recuperar lo poco recuperable?

Lo que falta a todas luces es educación,
es la ausencia de preparación para defenderse de un mundo cambiado
es el abandono desde la cúpula a los de abajo
teniéndolos sumisos, sin armas para exigir sus derechos
Única esperanza nuevas generaciones más instruídas
menos frustradas, conociendo como luchar por lo que es suyo.

La Argentina no termina en la Av. Gral Paz, sino en sus fronteras delineadas
En el Norte y en el Sur, en el Este y en el Oeste
hay millones que esperan su oportunidad.
Para que esta pareja sufrida y gastada no esté más sentada a la vera
de la ruta esperando mansamente que bajen las aguas.





Buenos Aires, mayo 98

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